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Los leones duermen en las jaulasy mis dedos duermen en mi mano,que solo sabe agarrarse de guitarras...nunca te matarán con un disparo.Escrito en mi mano el destino,en mi mano o en la de cualquiera.Yo leo tus ojos por capricho,por belleza, porque son espejos...Espejos no del destino,espejos de lo que yo quiero,de mis ojos buscando el brilloen dos diamantes verdes.El cabello suelto de la muerteda latigazos en mi manoque esconde el destino que es tocartemientras me voy apagando.
Alejandro Dolina...Lo conocí por su programa radialpero sus libros me hicieron un fiel seguidor
Cepillando el pelo de un difunto,pintando sus ojos, acomodando su gesto;Ese es trabajo de un hombre que no soy.Es casi un vicio del caminante fingirdecir que su pelo ayer era asíy que sus ojos miraban asá, y mentir un gesto adusto que no existió.Te pido perdón si mi espejo de ayerdibuja otro hombre con su fiel pincel,fiel a un pasado que ya anocheció.Ayer mis labios besaron al soly mi lengua a las nubes matódestejiendo un cielo que no es el de hoy, un cielo repleto de dudas aún.No quiero sombras que vengan a ensuciarlas luces que acariciaron a mis noches,a mis noches solas, a mis noches contigo.Ni mi cama sabe quién soy yo,no sabe mis sueños, menos sabe mi dolor,apenas sostiene un cuerpo o dosy casi sin saberlo sostiene al amor.
Tuercas que muerden mi lengua cuando hablo; tus ojos, sin saberlo, no me miran.Todo transcurre por capricho, incluso el amor y la ira.Sueños de mis dedos que no tocan despiertan en tu cuerpo sin vida y se desdibujan las formas, perdiéndose en siluetas sin saliva.Tus manos empapadas de mi sangre, de mi sangre satisfecha por tenerte.Alivio de mi cuerpo, sin probarte, es mudarme a tu sombra envolvente.Y ahora me miras y sonríes, no sé muy bien qué quieres.Quédate, que quiero desvestirte, amada mía, hermosa muerte
Woody Allen...materia pendiente en mi vida
ver y REver TODA su obra en el cine
Mi corazón como un pequeño relojque a veces se apaga,y que a veces suena con la fuerza de mil gritos.Y es que no entiendo la batallaque en mi pecho se aburre de ceder,y es que no quiero la soledadde esperanzas sin promesas.Te digo en voz baja y llorosaexcusas cobardes que se atreven cada tantoa arrepentirse entre árboles y juegana perderse entre cenizas.Y es que no lloro por mi muerte,y es que no lloro por las derrotas;lloro porque mis manos se mancharoncon barro que no ha de salir,y lloro porque con esas manos te voy a buscar