Tengo un par de piedras de la lapidación de mis labios
y el carné de socio fundador de mi sombra.
Los pulmones hace años los despedí por la boca
y los barrió la portera y los tiró a la basura.
Será por eso que mis vecinos no me detienen la puerta
ni me saludan...
Pienso que los ojos son vaginas
y los lagrimales son clítoris
y con eso me entretengo
mientras el oculista llega tarde.
Alguien cosecha lechugas para mi futura ensalada
mientras yo me tapo un ojo y juro que una N es una H.
Si mi vida fuera atún yo sería un tomate relleno
y el centro de mesa serían tus labios,
cáscara incluida, y la sospecha de que esas frutas son de cera.
Evidentemente preciso lentes nuevos.
Igual mucho peor son las visitas al dentista
esa obsesión por esconder mi aliento a nafta
por lograr que mi lengua tenga un color cálido y homogéneo.
Jamás lo consigo.
El paladar es un vientre sin ombligo ni lunares
que uno muestra sin decoro.
Supongo que las cajeras tienen pensamientos suicidas
y los abogados y los garrapiñeros y los dentistas...
Tuve que acercarme mucho a la H para convencerme de que no era una N.
Cuando uno consigue un arma y balas, y escribe cartas suicidas,
y se apunta en la boca... ahí ves que la N era una H
o ya no ves nada...
Los caramelos de limón que el psiquiatra me dio
saben a tierra y a suspiros,
a brisa sublingual,
a carne petrificada de pecadores, a vómito solidificado de dioses...
Aparecen mitades de pastillas todavía en todas partes,
será por eso que los vecinos no me detienen la puerta
ni me saludan...
Supongo que Dios reúne todas las pestañas que se te han caído
para dártelas el día del juicio y reprocharte...
Y te tirarán a un calabozo
y dormirás en un colchón hecho con todas las uñas que te has cortado
y rascarás por dentro y por fuera esa delgada línea
entre el presente y el pasado, entre el juicio final y la vida misma.
La H es la letra del silencio,
la mano que acomoda almohadas entre la sien y la pistola,
las puntas de pie con las que caminan los que se levantan de la cama
a mear mientras piensan que los espirales
no matan ni a los mosquitos ni a las alucinaciones.
Me tapo un ojo y miro el cielo,
esa luna se parece a una muela arrancada
y las fotos a los amigos muertos, y las H's a las N's,
y los poetas a su obra
Mostrando entradas con la etiqueta Bruce Holwerda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bruce Holwerda. Mostrar todas las entradas
jueves, 15 de abril de 2010
sábado, 16 de mayo de 2009
Mudarse al mismo lugar
Un matafuegos sublingual de farmacia,
un cementerio de copas lavadas,
un dejo a perfume de nadie
con soberbia custodia mi aire.
Sembré vientos, recogí tempestades...
llegué al ombligo de tu calle
y grité por gritar tu nombre
y saliste a callarme como siempre.
Y me pediste un taxi y te fuiste,
de enfrente oí la llave cerrando
mucho más que tu puerta y mi pasado.
ya estarás harta de mis escenas...
Y al volver una ventana golpeaba ,
no podia dormír con esa luz encendida...
que dios ponga orden a esas bocas abiertas
y a las lenguas que traspasan las aristas.
Porque hay más besos en este mundo
que los que fueron nuestros y son de nadie,
ahora que las cortinas son las mismas
pero la vista definitivamente es otra
un cementerio de copas lavadas,
un dejo a perfume de nadie
con soberbia custodia mi aire.
Sembré vientos, recogí tempestades...
llegué al ombligo de tu calle
y grité por gritar tu nombre
y saliste a callarme como siempre.
Y me pediste un taxi y te fuiste,
de enfrente oí la llave cerrando
mucho más que tu puerta y mi pasado.
ya estarás harta de mis escenas...
Y al volver una ventana golpeaba ,
no podia dormír con esa luz encendida...
que dios ponga orden a esas bocas abiertas
y a las lenguas que traspasan las aristas.
Porque hay más besos en este mundo
que los que fueron nuestros y son de nadie,
ahora que las cortinas son las mismas
pero la vista definitivamente es otra
Suscribirse a:
Entradas (Atom)