ya no debemos esconder nuestros muñones, somos libres,
libres de los ojos de piedra que miraban por nosotros,
libres de los que colgaban una rista de ajos en sus puertas para que no les timbráramos,
libres y expulsados del paraíso como todos...
En lo blanco del ojo somos iguales y en casi más nada,
para ti Dolce & Gabbana y para mí litio 400mg
pero no importa...
Una madre da a luz siameses
y su llanto nos envuelve en esa sábana manchada,
y solo así será que notaremos
que Narciso se mira en un charco de sangre de otro
y luego se queda ciego para siempre...
Encienden sus linternas los acomodadores,
me señalan mi asiento y se van,
extraño el sol de medianoche y las lámparas de 25 watts,
se apagan las luces, se abre el telón
y hasta la oscuridad es una mentira de otro que me creo
que quiero creer...
El mal de Proteo se esconde en nosotros
al menos en un lunar,
como una gota de sangre disuelta en una copa de vino,
y ahí está impreso en un código de barras, en un pasillo de números binarios,
intraducibles pinturas firmadas por Picasso que nadie descubrió
eso somos, lienzos que juntan polvo...
Las claraboyas de todas las casas están rotas,
las promesas del cielo son vidrios que amenazan con caer
fenotipo y genotipo arrodillados,
como suicidas que visitan a sus amigos para despedirse,
así salimos a la calle, así paramos al taxi,
como murciélagos domesticados que apenas sí se tocan en su vuelo...
Las sirenas no existen eran mujeres con polio
que alguien subió a un avión y tiró al Mar Muerto,
y regresaron a la orilla y besaron a los poetas y se murieron de frío
y fueron enterradas como si fueran bolsas de hielo
tras palas y palas de sal gruesa,
y sus voces fueron el silencio de un tambor mudo
que esconde el golpe del niño universal,
el primer latido de la historia bajo llave...
El mito es la pierna de un mutilado encerrada en una espiral poética,
y es ignorancia, y muchas veces es mala leche.
La otredad empieza en nuestros ojos
es una meada ajena en un muro con mi nombre,
que es mío porque otro así lo quiso...
Me es impropio este pelo que se ha quedado conmigo,
atrapado en la enredadera sucia de mi pecho,
gritando que fue tuyo,
siendo mío como un vuelto enterrado en un bolsillo
después de comprar carne picada para el gato,
ese que no es de nadie...
"Jewish Giant at Home with His Parents in the Bronx" by Diane Arbushttp://diane-arbus-photography.com/
