Esta semana es múltiplo de un lunes torcido,
un gramo de siglo barato para escondernos.
Descuarticé por fin a mi sombra y la tiré al río,
planté mis pestañas en el suelo
para que crezca el árbol de mis huesos.
Despues perdí el aliento donde las estatuas perdieron los brazos,
seguí una nube de fuego que a su vez seguía a tu voz,
desanudé mis huellas, subí el telón de mis párpados,
sonaron las campanas y yo imaginé un bandoneón.
Habria que vender al costo la carne y los pulmones
antes del tercer día para cruzar la aduana
limpios como las balas de los francotiradores
que le disparan a los que se acuestan en tu cama.
El detector de metales y los pasaportes falsos
son nuestros cómplices de siempre.
Y en el doble fondo de la maleta llevo mi memoria,
mis horas de insomnio y tus ojos verdes.
Me despido de lo que queda, de tu pelo, de tu espalda,
de tu indiferencia, de mi ventanal al alma rota
y de esas putas rejas que me separan de tu boca.
Me despido de las lunas quemadas, de los soles que cayeron,
de las salas casi vacias y de mi ombligo semiabierto...
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miércoles, 2 de diciembre de 2009
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