y sus pasillos llenos de puertas de archivadores de destinos,
y pieles y ojos y pestañas de futuras esculturas,
esculturas de carne y yeso,
inmortalizando un gesto solo
que quizás una vez hizo alguien,
alguien que probablemente no fueron ellos...
Su lengua es un escalpelo
y sus versos cortes del cuero de los otros.
Cada sílaba sostiene la masacre de la garganta hasta quién sabe dónde...
Quienes son los maniquíes y quienes las bestias salvajes?
Para qué saberlo si no importa,
si te aturden las bocinas de los coches
y la luz de la luna cada madrugada.
Te despiertas y te bañas
mientras ellos en la azotea de tu casa
cuelgan tu piel de la cuerda
y tu voz de la nada.
Lo que queda llevan a la sal de su saliva,
y con la espuma del océano te ahogan,
te quitan hasta el eco de tus latidos...
Calculan el error del proceso sin nombrarte,
sin ni siquiera saber si algún día fuiste feliz dándole de comer a tus peces
o si quisiste agarrar a pedradas esa pecera de imposibles naufragios,
no te conocen, ni es ese su estilo...
Pero han estudiado psicología y anatomía,
y de antemano compraron un container repleto de estatuas de poliuretano
para desalojarte de tu carne
por atrasarte dos meses en el pago del alquiler pactado,
con ese dios que aparentemente inspira biblias o hace milagros...
Mírate en el espejo y verás un centro de mesa,
una canasta repleta de frutas de cera
y verás que las moscas no se acercan,
señal que no cabalgamos,
y que la cáscara y la pulpa a esta altura son la misma cosa.
Emparentados como las uñas cortadas de nuestros dedos,
de los dedos de cualquiera, las de nuestros antepasados,
nos hacemos naturaleza muerta,
o mejor dicho asesinada
por francotiradores que desde las vidrieras disparan,
y apuntan al corazón porque tienen la convicción de que es de plástico.
Una vez que nos retapizaron,
como si fuéramos los sillones del living de sus madres,
se sumergen en sus sueños de discípulos de Van Gogh
y nos devuelven los ojos, ahora hechos de vidrio,
confunden el realismo con sus detalles mientras se aplauden a si mismos,
y se saludan como hermanos de sangre diluída en las tinieblas de su ego,
como hacen los poetas aferrados a sus metáforas
tan descarnadas como la luna, que es una piedra de azufre
en el cielo contracturado que encierran en sus versos
"A Pair of Shoes" by Vincent Van Goghwww.vangoghgallery.com/
